Monday, April 10, 2017

Leopoldo Cano

Las saetas del general

Don Leopoldo Cano y Masas murió en Madrid el 11 de abril de 1934. Había nacido en Valladolid el 13 de noviembre de 1844. Siguió la carrera militar. Luchó contra los carlistas, fue profesor en la Escuela Superior de Guerra y llegó al grado de general de división. Escribió para el teatro y en la escena tuvo notables éxitos, el mayor quizás con el drama La pasionaria. En 1910 ingresó en la Academia Española.

También escribió algunas poesías líricas, recogidas en Saetas (aquí). De ellas dice el buen Cossío que

[...] representa Leopoldo Cano el malhumor español más característico, la amargura disfrazada por la risa.
Sus saetas (que, por cierto, no son las únicas composiciones que aparecen en el libro, aunque así se titule) son en realidad epigramas, más agrios que ingeniosos.



Saetas

He cumplido cuarenta años;

hace veinte que me aburro

y diez que estoy estorbando.

———



Voy solo por este mundo

hacia donde no va nadie,

y algunas veces me estorba

el compañero de viaje.

———



A la reja de la cárcel

no me vengas a llorar,

que hoy van a darme el indulto,

mañana una credencial.

———



¡Qué buenas cosas se calla!

¡Qué imponente es su silencio!

Pues ese será muy pronto

Presidente del Consejo.

———



¡Oh poder de la oratoria!

Apenas se abren las Cortes

empieza a bajar la Bolsa.

———



—¡Ya no se escribe una obra

que no ultraje a la decencia!

—Sí; desde que usted no cobra,

el Arte está en decadencia.

———



¿Me censura con afán

y eso le da mucha fama?

Dile, por Dios, que haga un drama;

verás qué grita le dan.

———



Dos cosas que no hallarás:

un alacrán sin veneno,

y un pedante que halle bueno

lo que escriben los demás.

———



Entre mil hombres honrados,

elige el mejor amigo;

y, si echas algo de menos...

regístrale los bolsillos.

———



—¡Caballero! Una limosna...

—¿Por qué se quedó usted manco?

—Porque un amigo sincero

me dio un apretón de manos.

———



Huyendo va la Amistad

ante la Tribulación;

que el amigo y el alción

huyen de la tempestad.

———



Cuando halaga, te hace sangre;

si acaricia, despelleja;

cuando saluda en la calle

parece que te da audiencia.

———



Yo te llamo don Fulano

y tú, Fulanito a mí;

y tú te quedas ufano

y yo... me río de ti.

———



De las cosas de este mundo

es la que me hace más gracia

ver la cara de los tontos

cuando creen que me engañan.

———



—¿Quién era el muerto que arrastran

cuatro potros alazanes?

—Uno que logró su empeño

de irse al infierno en carruaje.

———



Entre cuatro hachas de viento

te llevaban una noche,

y dije: "Ese ha fallecido;

tuvo talento. ¡Pobre hombre!"

———



Los chiquillos de mi tierra

blasfeman con mucha gracia,

besan la mano a los curas

y apedrean las estatuas.

———



La vida del hombre malo:

primero, el ocio y el lujo;

después, el juego y el robo;

y, luego, el Juez... y el indulto.

———



En un álbum

Lo mismo que tu sombra,

la dicha vaga;

si la persigues, huye;

si huyes, avanza;

si caes, llega;

y nunca te abandona

cuando te entierran.

———



En otro

Escucha mi atrevido pensamiento:

...Me llama mi mujer. Vuelvo al momento.

———



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