Sunday, October 22, 2017

Miguel Moreno

El diplomático epigramista

Miguel Moreno nació en Villacastín (Segovia), donde fue bautizado el 20 de octubre de 1596. Estudió leyes y fue lo que hoy llamaríamos un alto funcionario. Apreciado por su talento, elocuencia y honradez, formó parte de la delegación enviada por Felipe IV a Roma para presentar un memorial contra los abusos de la curia. Allí murió en la flor de su edad, el 28 de julio de 1635.

Sus obligaciones administrativas no le impidieron escribir poesías y novelas. En lo que aquí nos interesa, el mismo año de su muerte aparecíó impreso bajo su nombre una colección de doscientos epigramas —más sentenciosos que mordaces— titulada Flores de España cultivadas en Roma. Don Adolfo de Castro la publicó en el volumen XLII de la BAE, señalando que los más [de los epigramas] carecen de la viveza necesaria a esta clase de composiciones; quizá consista esta falta en que Miguel Moreno no sabia versificar con facilidad. Aquí ofrecemos al curioso lector una amplia selección.



Los epigramas más interesantes de Moreno son quizás los que hablan de su oficio curialesco:

Mientras que subordinados

tus papeles a otro están,

no te congojes, don Juan,

si de él fueren enmendados;

que, además de lo imperioso,

de que le es lícito usar,

siempre ha sido el enmendar

(si no preciso) gustoso.

———



De aquel fantástico necio

nunca hagas caso, Fabricio,

que aunque le entona el oficio

es por sí indigno de precio.

Figurones semejantes,

a mi modo de entender,

en rigor vienen a ser

como los representantes.

———



También los que satirizan los vicios de eruditos y sabios:

Porque en tu ciencia has lucido,

intentas con gran pasión

quitar a Andrés la opinión

que primero ha merecido.

Y es error, porque jamás

pudieron otros que vi

(bien que la alcanzan por sí)

quitársela a los demás.

———



Aunque es muy modesto Antón,

en llegando a disputar

no se contiene en mostrar

una punta de ambición.

En él se echa bien de ver

que en otros actos postrarse

suele el docto; mas no andarse

por humilde en el saber.

———



En don Leandro son exceso

los textos y las doctrinas,

pero más las peregrinas

imprudencias de su seso.

Y en tan manifiesto indicio

nos dice su proceder

cuan otra debe de ser

la ciencia del buen juïcio.

———



Ufano y desvanecido

vive Antón de su saber,

hasta llegar a creer

que no es de alguno excedido;

pero aunque mucho se alabe,

más precio (por mi decoro)

lo que yo pienso que ignoro

que lo que él piensa que sabe.

———



Otros epigramas dan prudentes consejos para la vida social:

¿Quieres, Leonardo, vengarte

de Luis, porque reveló

tus secretos, y que yo

te ayude en aconsejarte?

Yo digo que pues tú a ti

secreto no te guardaste,

y a él se lo revelaste,

empieza el castigo en ti.

———



De que aquella acción erraste

estás, Laurencio, penoso,

pudiendo estar muy gozoso

de infinitas que acertaste.

La tristeza con que luchas

es vana, o soy [yo] mal juez;

que no es yerro el de una vez

en quien supo acertar muchas.

———



Conocer al lisonjero

deseas; y para mí,

conocerte bien tú a ti

es el precepto primero.

Con luz tan clara verás

Si en ti ajusta lo que dice,

y si vieres que desdice,

que es lisonjero sabrás.

———



—Miro a muchos anhelando

por grande hacienda adquirir,

y a ti, Pedro, te veo ir

cómodamente pasando.

—Juan, la causa viene a ser

que mi cuidado se gasta

solo en tener lo que basta,

no en lo que puedo tener.

———



Va tan meloso y limado

el memorial de tu queja,

que lugar apenas deja

a lo acedo lo afeitado;

y tan postrado rogar

viene en señores a hacer

que, dudando en el deber,

no crean en el pagar.

———



Dices que de mí murmuran

don Rodrigo y sus secuaces,

y grandes extremos haces

de ver que así se conjuran.

Yo (que con no respondellos

mayor escarnio les hago)

toda queja satisfago

en lo que murmuran de ellos.

———



Siendo Antonio preguntado

qué castigo era bastante

al envidioso, al instante

respondió, bien atinado,

que pues siempre atormentar

es de la envidia el oficio,

solo es castigo a este vicio

darle mucho que envidiar.

———



O satirizan vicios:

Es don Juan con el bufón

vanamente dadivoso,

y a su maestro virtuoso

no le da ni aun la ración.

Pobre virtud, di, ¿qué has hecho

a la suerte y al poder,

pues tal sabandija hacer

puede inferior tu derecho?

———



A ministros de justicia

aborreces, y he pensado

que, pues no te han agraviado,

es o temor o malicia.

Declara, Andrés, si ese vicio

causa (veré si le abonas)

lo injusto de las personas

o lo justo del oficio.

———



Algunos inocentes juegos de palabras:

Que quebró aquel mercader

dice el pueblo comúnmente,

y en sentido más corriente

la quiebra se ha de entender.

Si lucido y placentero

vive, y queda en el lugar,

no es él quien llegó a quebrar,

sino el que le dió el dinero.

———



Tal vez cansado te veo

(sobre viejo), y tu trabajo

dices que es de ir cuesta abajo,

de la edad triste trofeo.

Pero ¡así tu alíento viva,

Antón! que engañado estás;

por el cansarte es que vas

propiamente cuesta arriba.

———



Viendo a la muy gorda Juana

Blas, que no la conocía,

"¿Quien es?" preguntó, y Lucía

dijo que su media hermana.

Él, que el bulto considera

de la cabeza á los pies,

dijo: "Si esta media es,

¿cuál fuera a ser toda entera?"

———



El anterior poema nos recuerda que no podía faltar un poco de misoginia. Unas son feas:

De cincuenta años de edad

parió Claudia un infanzón,

y aunque estuvo en opinión,

no es del todo novedad.

Si bien el pueblo juzgó

(pues de ella se debía huir)

que hizo mucho en el parir,

pero mas quien la empreñó.

———



Muy de día y con sol claro

casó Juan con Dorotea,

y por ser mujer muy fea

obligó el hecho a reparo.

Ella, a quien causa pedia,

dijo que era prevenir

que no pudiese decir

Juan que no vio lo que hacía.

———



Otras, tontas:

Es Juana inocente y pía,

y mirando un Jueves Santo

el prendimiento, con llanto

así al Salvador decía:

"¡Que esto hayamos de tener

cada año, es muy de llorar,

pudiéndoos, Señor, guardar

de que os vuelvan a prender!"

———



Otras, solteras o casadas, buscan solo el dinero:

Bella moza es doña Inés;

mas pónese en tan gran precio,

que ocasiona a su desprecio

lo duro del interés.

Puesto que a algunos desvela,

ve en otros de mejor tasa.

que si con la cara abrasa,

también con lo caro hiela.

———

Puesto que: aunque.



De la codicia insaciable

de Filis te veo quejoso,

y con ser mas dadivoso,

piensas que será curable.

Tu desorden, Pedro, impida

esta regla que en mí vive,

y es, que quien así recibe,

al mismo paso lo olvida.

———



Celia de Antonio quedó

viuda, y dicen que bien puesta;

porque él, aunque deshonesta,

como honrado la heredó.

Pero quien más atinado

discurre en la institución,

dice fué restitución.

porque ella lo había ganado.

———

La heredó: la instituyó heredera.



Y, para acabar, la burla de un judaizante:

Aquel amigo indicado

de que espera lo que vino

da en regalar con tocino,

por simular su pecado.

Él obliga a que se tome;

pero mi atención conviene

en que, aunque es cierto lo tiene,

es dudoso que lo come.

———



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